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Cepajes

 

En contraste, la vitivinicultura chilena tiene apenas 500 años, iniciada con la llegada de los españoles. Los colonizadores plantaron viñas a lo largo de su recorrido por América Latina para elaborar vino, que servía tanto para la guerra como para la misa. La vid encontró su mejor adaptación en la zona centro-sur de Chile, gracias a su clima mediterráneo, ausente en otras regiones del continente.

Así, a mediados del siglo XVI, se instalaron las primeras viñas, que se expandieron desde el centro hacia el norte y el sur, con fuerte arraigo precisamente en el secano interior de Maule, Itata y Biobío, favorecidas por sus condiciones de clima y suelo.

La historia vitivinícola de Chile es reciente si la comparamos con la tradición del cultivo de la vid, cuya domesticación se remonta a varios miles de años (6000-8000 a.C.) en la región del Cáucaso, lugar de origen del género Vitis. La evidencia arqueológica más antigua de vinificación data del neolítico (alrededor del 5400 a.C.), en los montes Zagros de Irán.

Así, a mediados del siglo XVI, se instalaron las primeras viñas, que se expandieron desde el centro hacia el norte y el sur, con fuerte arraigo precisamente en el secano interior de Maule, Itata y Biobío, favorecidas por sus condiciones de clima y suelo.

Una de las variedades fundacionales es la País, conocida también como Listán Prieto en Canarias, Negra del Perú, Criolla en Argentina y Misión en California. Es la cepa que más tiempo ha estado presente en el país y con la cual se inicia la viticultura chilena. Traída desde España y ampliamente cultivada en Castilla y las Islas Canarias, era reconocida desde la Edad Media por sus virtudes.

La uva País es un símbolo de resistencia. Durante tres siglos fue la cepa más importante de Latinoamérica y la fuente principal del vino tinto de Chile, hoy resulta difícil encontrarla fuera de este territorio. La inmensa mayoría se concentra aquí, en viñedos centenarios en pie franco de hasta 200 años o más.

A mediados del siglo XIX, justo antes de la crisis filoxérica, la burguesía chilena viaja a Europa, copia el modelo e impulsa el desarrollo de la industria vitivinícola en el valle central. Importa cepas francesas, contrata enólogos galos e incorpora técnicas foráneas para producir vino moderno. Es ahí donde nace la desvalorización del otro vino: el de herencia española, el de los trabajadores, el del sur. Así comienza a dividirse el paisaje en dos regiones productivas que se mantienen, con algunas modificaciones, hasta nuestros días.

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País de Chimiltito, comuna de Ninhue, Itata Norte. Propiedad de la familia Carrasco, 5ta generación de viñateros.

Se estima que la viña tiene al menos 200 años.

Por un lado, el valle central —entre los ríos Aconcagua por el norte y Maule por el sur—, impulsado por la alta aristocracia chilena, donde la cepa País es reemplazada por las variedades francesas, en extensas superficies. Por otro, el secano interior —entre los ríos Maule y Bío-Bío—, territorio de latifundistas y campesinos, dedicado principalmente a continuar con el cultivo tradicional de la uva País, distribuidas actualmente solo en pequeñas superficies de campesinos.En 1974, con la creación del Decreto Ley 701, se estableció un subsidio estatal del ~75% para plantaciones de monocultivos de pinos y eucaliptos, beneficiando principalmente a grandes empresas privadas. Promulgado al inicio de la dictadura militar para impulsar el sector forestal, este decreto provocó un profundo impacto en el paisaje: reemplazó grandes extensiones de bosque nativo y viñedos, ofreciendo a los agricultores —especialmente de esta zona— alternativas económicas más "lucrativas". Se estima que antes de esta normativa existían decenas de miles de hectáreas de uva País. Las consecuencias ambientales y socioculturales de este proceso persisten hasta el día de hoy.

A pesar de que desde la época colonial el vino chileno viajó a otras latitudes, no fue hasta finales de los ochenta que la idea de exportar cobró mayor fuerza. En 1988 se exportaba el 2,6% de la producción; en 1990, el 9,3%; y para finales delos noventa, el "boom" superó el 50%, consolidando a Chile como un actor relevante y sentando las bases para alcanzar el cuarto lugar mundial en el año 2000.La País pasa nuevamente a un segundo plano, destinada a vino a granel,eclipsada por más plantaciones de tintas bordalesas —Cabernet Sauvignon, Merlot y la resucitada Carménère—, mayoritariamente en el valle central. El foco se puso en las grandes empresas que elaboran vinos con enología moderna yganaron fama en el extranjero. No estamos hablando, entonces, del patrimonio vitivinícola del secano interior —con más historia que nuestra propia nación,oficializada en 1818—, sino de un producto “industrializado” y “estandarizado”según el mercado de destino.Desde los inicios de la colonia, la viticultura convivió entre grandes latifundios y pequeñas propiedades campesinas. Gracias al trabajo colectivo de miles de agricultores que, generación tras generación, forjaron una cultura propia alrededor de esta cepa, hoy tenemos el privilegio de vinificar estos viñedos centenarios que, lamentablemente, siguen perdiendo terreno año tras año. Hoy subsisten alrededor de 10.000 hectáreas de viñas de uva País en manos de pequeños campesinos del secano interior de Maule, Itata y Biobío. Si no fuera por su dedicación y por la resiliencia de esta cepa, muchas de ellas ya habrían desaparecido. En Macatho, honramos esa herencia rescatando viñedos antiguos, elaborando vinos naturales que capturan la vitalidad y la autenticidad de esta variedad histórica, fiel reflejo de la resiliencia de este territorio. Segundo Flores, María Rosé, Toca Tierra y Chimiltito son ejemplos de estas viejas viñas de uva País que han sobrevivido tras generaciones.

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